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La Vida Nueva |
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Es decir la vida juvenil o bien vida renovada por el amor hacia Beatriz, es el “libello” (“librito”), como lo llama Dante a menudo, en el cual se narra con frescura y gracia el amor del poeta hacia Beatriz a partir del día del primer encuentro hasta los primeros años que siguieron a la muerte de aquella.
Esta obra, dedicada a Guido Cavalcanti, y compuesta casi con seguridad entre los años 1292-93, contiene las poesías que Dante escribió durante la vida y después de la muerte de su dama. Consta de veinticinco sonetos, cuatro canciones, una balada, una estancia y las prosas que narran las circunstancias que dieron origen a cada una de estas piezas líricas.
Es esta la historia de un amor ideal en el cual la mujer, Beatriz, de acuerdo con los dictados del “dolce stil novo”, es el ángel que guía a la perfección, a Dios.
El poeta comienza la obra, con la conmovida evocación del día del primer encuentro con la niña de nueve años, vestida de rojo, y la concluye con la visión admirable de ella después de la muerte, en la cual está ya el anuncio de la Comedia. - |
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El Cancionero |
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Es una colección de poesías de Dante, hecha después de su muerte, de cuya composición se desconoce el año. Contiene composiciones juveniles de carácter alegórico en las cuales se exalta la filosofía bajo las apariencias de una venerable matrona; algunas canciones didácticas, en las que el poeta pone de relieve la rectitud, la nobleza, la gracia, la liberalidad; la tenzón con Forese Donati que consta de seis sonetos, en los cuales Dante y Forese intercambian injurias siguiendo la costumbre que entonces tenía la juventud alegre; las rimas “petrosas” en las que el poeta canta el amor y el rencor por una mujer llamada Pietra.
Entre esas poesías, hay algunas llenas de gracia y musicalidad; otras, en cambio, quizás la mayoría, carecen de acento poético. - |
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El Convivio |
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Es una obra de carácter filosófico escrita entre los años 1304 y 1307, que aparece como la continuación de la Vida Nueva: la “mujer gentil” es aquí el símbolo de la filosofía.
Además del argumento filosófico, Dante desarrolla temas de moral, de política, de metafísica, sin orden alguno. Resulta de particular importancia, en el cuarto libro, la parte que trata del Imperio, sentido por Dante como resultado de una misión asignada por la providencia al pueblo romano.
La obra hubiera debido constar de catorce canciones acompañadas cada una de un tratado, pero quedó inconclusa: las canciones son tres, y los tratados, cuatro.
En El Convivio, la ciencia sirve para aclarar a los hombres los problemas de la conciencia contemporánea.
El título mismo de la obra quiere significar la invitación que Dante hace a los hombres amantes de la cultura, a sentarse a la mesa del saber, en la cual las canciones constituyen los manjares, y los comentarios el pan. - |
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De Vulgari Eloquentia |
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Es la obra escrita entre los años 1304 y 1307, y se refiere al problema de la lengua literaria italiana. Hubiese tenido que constar de cuatro libros, pero quedó inconclusa, en el decimocuarto capítulo del segundo libro.
En esta obra, Dante, después de referirse al lenguaje, a los idiomas europeos y sobre todo a los romances, dirige su atención a los dialectos italianos, ninguno de los cuales es digno de llegar a ser lengua nacional y literaria. El tratado reviste importancia por el hecho que Dante propone el uso de una lengua común a todos los italianos, por lo tanto única e ilustre, más allá de los particularismos regionales. - |
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De Monarchia |
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Contiene expuestas sistemáticamente las ideas políticas de Dante, en tres libros escritos probablemente entre los años 1310 y 1312.
En el primer libro se demuestra que el Imperio, unión de pueblos bajo un único jefe, es querido por Dios, porque sólo con la unificación política se alcanza la unificación religiosa; en el segundo libro, Dante demuestra que el pueblo romano constituyó el Imperio, no con la violencia, sino con la justicia; en el tercero, se aboca a la cuestión que concierne a los derechos del Papado y del Imperio. Aquí el poeta afirma que el Emperador es independiente del Papa, puesto que su autoridad deriva directamente de Dios, pero sostiene también que aquél debe reverencia al Papa, por cuanto éste ha recibido de Dios la misión más alta, la de dirigir a la humanidad a la conquista del bien espiritual. Emperador y Papa, deben guiar a los hombres a la conquista de la felicidad, el uno con las leyes y el otro dispensando los dones de Dios.- |
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Las Epístolas |
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| Revelan claramente la altanera fiereza del espíritu de Dante. Están dirigidas a los príncipes y señores italianos, a los florentinos, al Emperador, a los cardenales. Entre ellas, las más importantes, son las dirigidas a Enrique VII, y la dirigida a los cardenales italianos; no carente de importancia es aquella dirigida a Can Grande de la Scala, en la cual se alude al contenido de la cántiga del Paraíso. - |
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Los tres reinos de ultratumba |
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El viaje ultraterreno de Dante a través de los tres reinos del castigo eterno, de la expiación y del triunfo divino, es evidentemente la alegoría del proceso espiritual del poeta, que a través del conocimiento del pecado, el arrepentimiento y la penitencia, llega a la redención y la fe.
Demasiado a menudo ha querido hacerse con sentido crítico una distinción entre esta estructura alegórica sobre la cual está construida la Divina Comedia y la parte poética propiamente dicha, realizada fuera de esa estructura, o hasta podría decirse a pesar de ella. En realidad, la alegoría es parte integrante de la poesía dantesca, es la poesía misma, el pensamiento y el sentimiento del poeta hechos imagen. En efecto, no obstante la compleja y a menudo intrincada red de símbolos de que está entretejida la fantástica narración, la impresión de conjunto que se infiere de la lectura del poema, es la de una profunda y sintética inspiración creadora, de un tono poético unitario y variado al mismo tiempo, unitario respecto a la impostación conceptual y al correspondiente diseño artístico, variado en relación a la complejidad de la humanidad que revive en las páginas de la Divina Comedia. De ahí la diversidad de la iluminación dramática de las tres cántigas, en relación a los diversos sentimientos representados en la descripción de los tres reinos de ultratumba.
La poesía de la primera cántiga es violentamente dramática, impregnada de una atmósfera de dolor opresivo, sin esperanza. Los paisajes son desolados y tenebrosos: en el “aire oscuro” los lamentos y gritos de los condenados evocan el horror de los tormentos y renuevan el recuerdo de los pecados cometidos, de las pasiones terrenales aún impregnadas de turbia complacencia, sin que en ellas brille un destello de arrepentimiento y de esperanza. No es el deseo de Dios que agrava los sufrimientos de los condenados, sino más bien la desesperada añoranza de la “bella vida” perdida. La muerte no ha aniquilado el odio en los viejos enemigos terrenales de Dante, y éstos se ensañan contra él, que todavía vivo, puede atravesar ileso el mundo del eterno dolor, guiado por Virgilio, personificación poética da la razón humana.
A causa de esta exaltada representación de las pasiones humanas, la cántiga del Infierno fue tal vez injustamente juzgada como superior desde el punto de vista artístico a las sucesivas por los críticos románticos, para quienes el choque dramático de los sentimientos y el contraste de las pasiones, aparecían como elementos esenciales de la poesía.
Para De Sanctis, la poesía del Infierno refleja una plenitud de vida que en las otras dos cántigas aparece empobrecida; en éstas la realidad se torna abstracta y conceptual a través de un sentido del deber entendido a la manera medieval.
Por el contrario, parece absolutamente injustificado negar la profunda humanidad poética de la segunda cántiga. El Purgatorio es un mundo impregnado de melancólica serenidad; los penitentes, ahora confiados en la certeza del perdón divino, se agolpan en torno a Dante y le ruegan que reavive su recuerdo en los seres queridos que quedaron en la tierra. El pensamiento del mundo, de los afectos terrenales, de las antiguas pasiones, vive aún en ellos; pero todo lo contemplan como desde una posición más alta y serena, exento de amargura y de rencor, sus palabras son solamente de dolor por las faltas cometidas, de perdón para con los antiguos enemigos, de esperanza en la misericordia divina. El ancho paisaje del Purgatorio, da serenidad; descripciones de puros amaneceres marinos que tremolan al soplo de la brisa, de ocasos que hacen vibrar el ánimo con el “deseo” de los lejanos seres queridos, de plenilunios serenos, de ríos y arroyos luminosos y floridos. No hay ya drama sino elegía; al grito de los condenados del Infierno, parece hacer eco un tenue suspiro, una queda y confiada plegaria que preludia al canto exultante del Paraíso.
Canto y luz son, en efecto, las notas predominantes del último reino de ultratumba. Al comienzo de la tercera cántiga, al abocarse a la narración de la última parte de su fantástico viaje a través del más alto reino divino, Dante se manifiesta conciente de la dificultad de la empresa que le aguarda: describir la gloria celestial significa dar en imágenes sensibles cuanto de más inmaterial pueda concebir la mente humana. Pero a su potencia creadora no le faltó fuerza; para delinear en forma sensible lo absolutamente espiritual, el poeta se vale del elemento menos material: la luz. Las imágenes del Paraíso son todas imágenes de luz; los diferentes cielos se distinguen por una diversa luminosidad, las almas de los beatos se manifiestan en un alborozo de luces; también luz es la sonrisa de Beatriz que aumenta en esplendor a medida que se acerca a Dios. Además, por medio de maravillosas comparaciones dictadas por el recuerdo siempre presente de la vida terrenal, Dante nos ofrece con vivas imágenes las sugestiones divinas. Así, la inspiración lírica aventaja a la abstracción teológica, y llegamos al prodigio de una visión ultraterrena hecha sensible gracias al contacto con una viva y profunda humanidad.- |
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